Allá por el año 1940, Louis G. Cowen, un publicista de Chicago, creó un programa de radio (más tarde tendría su versión televisiva) llamado ‘Quiz Kids‘.

En antena cada domingo por la noche, un invitado famoso lanzaba preguntas difíciles a ‘niños normales’ (‘just plain kids‘), y los estadounidenses se entretenían con las exhibiciones de inteligencia de sus vástagos.

El programa de radio fue un éxito, y sirvió eficazmente a la maquinaria propagandística americana así como a la recaudación de fondos para sus tropas.

Uno de los participantes del concurso se convirtió, durante años, en el niño más popular de los Estados Unidos. Su nombre: Joel Kupperman. Apareció en el programa desde los cinco años hasta los quince. Más de 60 años después, aquel niño acusa hoy la demencia senil y su hijo ha decidido narrar la historia de su padre en forma de novela gráfica. Según explica el propio autor, el exhibicionismo mediático al que expusieron a su padre, y a otros niños de la época, tuvo desgraciadas consecuencias con el paso de los años. Hoy, Joel apenas recuerda nada.

La carrera bibliográfica de Michael Kupperman abarca, principalmente, el humor en cualquiera de sus vertientes. Así, sus dibujos y tiras cómicas, han llenado las páginas de publicaciones como: The New Yorker, Fortune, The New York Times, Nickelodeon Magazine, Forbes, Esquire,… Y sus animaciones han ocupado los fotogramas de Saturday Night Live y Comedy Central. Y, por supuesto, también ha trabajado tanto para DC como para Marvel. Entre sus galardones, nos encontramos nada menos con un Premio Eisner, que obtuvo en 2013, por la historia corta ‘Moon 1969: The True Story of the 1969 Moon Launch’, que aparecía en el octavo volumen de su serie ‘Tales Designed to Thrizzle’.

La novela, editada en España por Blackie Books, con traducción de Regina López, narra la historia del éxito (o no… simplemente fama), del olvido, del dolor, en un estilo comparable a cómo se desarrolla ‘Fun Home’, esa deliciosa novela gráfica de Alison Bechdel.

Niño Prodigio es una novela para leer de una sentada. Para disfrutar de todo lo que transmite de forma magníficamente hilada.


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